
Se puede definir gráficamente al E.V.A. con un organigrama funcional (Mintzberg, 1998), que responde a una cultura organizacional abierta, (Benno Sander, 1991), flexible e innovadora.
Abierta: porque permanece en continua atención a lo que el medio requiere para poder satisfacer sus demandas.
Flexible: dado que tanto sus estamentos como sus integrantes tienen la capacidad de reformularse, desestructurarse y reestructurarse de acuerdo a los fines propuestos y en pos del cumplimiento de los objetivos planteados.
Innovadora: puesto que considera que la evaluación y sus procesos contemplan la dinamicidad, cambio y alteración para la mejora permanente.
Se considera, por todo esto, que el EVA está configurado como un equipo de trabajo, dado que constituye un "pequeño número de personas con habilidades complementarias, comprometido con un propósito común, objetivos de rendimiento y enfoque, de lo que se consideran mutuamente responsables" (Katzenbach, 2000).
En este equipo, se trata permanentemente de cumplir con las siguientes pautas del desarrollo eficiente: