Cada vez son más las familias que optan por una alimentación basada en plantas. En Argentina, se estima que alrededor del 12% de la población es vegetariana o vegana. Las razones son diversas: desde cuestiones culturales o religiosas hasta preocupaciones vinculadas al bienestar animal, el cuidado del ambiente o la salud.
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Sin embargo, cuando una alimentación de este tipo involucra a niños y adolescentes, suelen surgir dudas y preocupaciones. ¿Es segura? ¿Aporta todos los nutrientes necesarios para el crecimiento? ¿Puede afectar el desarrollo? Para responder estas preguntas, la Lic. Virginia Quevedo, especialista en Nutrición Clínica Pediátrica y docente de la Universidad Juan Agustín Maza, comparte algunas claves sobre este nuevo concepto que no se enmarca en dieta vegana o vegetariana, sino que se enfoca en una alimentación basada en plantas, sin restricciones radicales.
Una opción segura para todas las edades
De acuerdo con la especialista, la evidencia científica actual respalda la alimentación basada en plantas en cualquier momento del ciclo vital, siempre que esté adecuadamente planificada. "Durante mucho tiempo se estigmatizó a la alimentación basada en plantas en niños, considerándola insegura o insuficiente para garantizar un crecimiento adecuado. Sin embargo, hoy los principales organismos científicos la recomiendan y aprueban desde el embarazo hasta la vejez", explica Quevedo.

Beneficios para la salud
Entre los beneficios más estudiados, la licenciada destaca un mayor consumo de fibra, vitaminas A, C y E, ácido fólico y minerales como hierro y magnesio. Además, diversos estudios han observado una mejor calidad en la ingesta de hidratos de carbono, con menor consumo de azúcares añadidos y alimentos ultraprocesados. Estas características se asocian con efectos positivos en la prevención y el tratamiento de enfermedades crónicas no transmisibles, como las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y algunos tipos de cáncer.
‘’El patrón de alimentación que presentan los niños en la actualidad, les aseguro que tiene muchas más deficiencias nutricionales que el de los niños alimentados a base de plantas’’, sostuvo.
Proteínas y nutrientes: qué aspectos deben controlarse
Uno de los principales interrogantes de las familias suele estar relacionado con el aporte de proteínas. Sin embargo, Quevedo asegura que es posible cubrir los requerimientos nutricionales utilizando exclusivamente fuentes vegetales.
"La proteína puede obtenerse a través de alimentos como soja, tofu, seitán, legumbres, cereales y levadura nutricional. En los patrones alimentarios que incluyen derivados animales, también pueden incorporarse huevos, leche y quesos", señala.
No obstante, existen nutrientes que requieren una atención especial. La vitamina B12 debe suplementarse obligatoriamente, mientras que otros nutrientes como hierro, calcio, vitamina D, zinc y yodo deben ser monitoreados para asegurar un adecuado aporte.
La importancia de una correcta planificación
Como ocurre con cualquier patrón alimentario, una dieta basada en plantas mal planificada puede generar consecuencias negativas para la salud, especialmente durante la infancia.
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Entre los riesgos potenciales, la especialista menciona deficiencias de micronutrientes, anemia por déficit de vitamina B12, retrasos en el crecimiento y alteraciones en el desarrollo cuando no existe un adecuado seguimiento profesional.
Por este motivo, destaca la importancia de contar con el acompañamiento de profesionales capacitados en la temática.
Derribando mitos
A pesar del creciente respaldo científico, aún persisten numerosos mitos en torno a la alimentación basada en plantas durante la niñez. Entre los más frecuentes se encuentran la creencia de que los niños no crecen adecuadamente, que no reciben suficientes nutrientes o que no logran cubrir sus necesidades proteicas.
"Muchos de estos conceptos surgen por desconocimiento. Por eso es fundamental acceder a información basada en evidencia científica y contar con profesionales capacitados que puedan orientar a las familias", concluye Quevedo.
La alimentación basada en plantas puede constituir una alternativa saludable durante la infancia y la adolescencia, siempre que esté correctamente planificada y supervisada. La información adecuada y el acompañamiento profesional son herramientas fundamentales para garantizar una nutrición completa y acorde a las necesidades de cada etapa del crecimiento.