No parece difícil identificar cuando tenemos un mal hábito, por ejemplo, no llevar una dieta equilibrada, no dormir lo suficiente, entre muchos otros, pero… ¿Podemos hablar también de malos hábitos si nos referimos a nuestra mente?
La respuesta es sí, nuestro pensamiento puede estar “sucio” muchas veces y no es algo de lo que seamos conscientes en el día a día, sino que son maneras de pensar que llevamos tanto tiempo teniendo en nuestra cabeza que no nos alcanzamos a dar cuenta si nos hacen bien o mal.
La anticipación negativa, los juicios globales, la descalificación, la tendencia a dramatizar las cosas, la tendencia al todo o nada, al blanco o al negro, al pensamiento culpable, al sentirnos responsables por situaciones que no tienen que ver con nosotros, la sensación de obligatoriedad permanente, son ejemplos de las formas que tienen esos malos hábitos de pensamiento de manifestarse.
Somos libres de pensar lo que queremos, pero… ¿Cuándo ese pensamiento se convierte en un hábito? ¿Realmente queremos pensar así o ya forma parte de nuestra forma de pensar?
