El periodismo que se viene es el que ya está

29 Jul 2020

Por Fausto J. Alfonso, docente de la Facultad de Ciencias Sociales y Comunicación.

El periodismo que se viene es el periodismo que se vino. Es el que ya está. En el periodismo que se vino se escribe mal, pero se escribe rápido. Porque es periodismo urgente. En el periodismo que se vino el medio habilita y potencia el insulto y la humillación. El periodismo que se vino sólo escucha a sus iguales. El periodismo que se vino es puro hardware y poco software. El periodismo que se vino es chic. Tan chic de derecha como de izquierda o de centro.

El periodismo que se vino consiste en minimizar los méritos literarios de Vargas Llosa o José Pablo Feinmann por no comulgar con su ideología. El periodista que se vino no profundiza ni estudia. Ya lo sabe todo. No se equivoca. Tampoco duda ni desconfía. El periodista que se vino muere por salir en la sección Sociales y paga para que la nota sea él. El periodista -mendocino- que se vino es un periodista completo cuando puede comprar en Chacras y comer caro aunque no comprenda el menú ni el porqué de la cuenta.

El periodismo que se vino se opone a que haya oposición. El periodista que se vino confunde los nombres de los colegas de su medio con los nombres de los colegas de la competencia. El periodismo que se vino es el que vive muy bien del Estado y muy mal de los privados. El periodista que se vino es el que compró el mote de “todo terreno” y por eso trabaja en cuatro medios del mismo grupo por un solo sueldo. El periodismo que se vino es el que hace un medio levantando de todos los medios porque, pobre, no tiene medios.

El periodismo que se vino es el que decide la tapa del diario de mañana tomando café con algún ex funcionario del proceso. El periodismo que se vino es el que cree haber fundado nuevos formatos televisivos e incluso radiales. El periodismo que se vino es el que confía en que no está cometiendo los vicios del viejo periodismo. El periodista que se vino es el que piensa en sí mismo y no en la información.

El periodista que se vino es el 3.0. O sea, todos somos periodistas. Es el que se babea con las nuevas tecnologías del mismo modo que la periodista que se vino se babea con, por ejemplo, Arjona. Para el periodista y la periodista que se vinieron es muy importante tener un amigo chef, un personal trainer y un psicólogo progre, sí o sí. Los hace más confiables ante la comunidad. Y más humanos.

El periodismo/ta que se vino es que el que despotrica todo el tiempo contra el medio en el que trabaja, pero se presta gustoso a sus juegos y reserva un buen lugar en la foto colectiva del festejo de fin de año. El periodista que se vino sufre el periodismo y sufre el medio, pero acepta que no podría ser de otro modo. Que trabajar mal y ganar poco es parte de la fama. El periodista que se vino cree que es el medio el que lo hace periodista.

Pero el periodista que se vino también hace de su trabajo un juego, se divierte, se siente rápido, seguro y natural. Hace firuletes en la pantalla táctil. El periodista que se vino habla de democracia y participación porque seres anónimos apoyan o replican sus dichos. Por ende, le encanta la palabra “foristas”. El periodista que se vino sabe de todo y, por lo tanto, se siente con la obligación de dar su humilde opinión sobre todo.

El periodismo que se vino es el que firma gacetillas y cobra por ellas. El periodismo que se vino es el que fabrica polémicas sin importar el tópico ni mucho menos las consecuencias. La periodista que se vino es, primero modelo, pero luego, también. El periodista que se vino imita mal a los periodistas que ya fueron. Y ni siquiera son modelos.

El periodismo que se vino no tiene mucho que ver con el periodismo en sí. No tiene nada que ver. Tiene que ver con el espectáculo, la gastronomía, los servicios básicos, los muebles, los hoteles, los casinos, las madereras, la industria siderúrgica, el turismo, los aeropuertos, los shoppings, los zoológicos... ¡Con los canjes! Todas cuestiones que le interesan al periodismo, claro. El periodista que se vino no le teme a nada; excepto a ejercer el periodismo (el periodismo a secas, no el que se vino ni el que se fue).

El periodismo que se vino habla de la diversidad, pero pretendiendo que todos piensen lo mismo. El periodismo que se vino no discrimina y ataca al imperialismo hablándole en su propio lenguaje, sorry.  El periodista que se vino no piensa por sí mismo porque no tiene tiempo. Lo absorbe su blog. El periodista que se vino no se deja corregir, prefiere publicar con errores. Es más honesto. Es un periodista sin filtros. En sus horrores ortográficos también radica parte de su humanidad, de su sensibilidad.

El periodismo que se vino es ingenuo, cándido. Cree que todo es perdurable, que nada es pasajero. Al periodista que se vino le conviene ser el periodista que se vino. Pero el periodismo que se vino no se piensa a sí mismo; es decir, ni siquiera sabe que llegó, que se vino. Es rara esa desatención, porque el periodista que se vino siempre está atento a la “primicia”.

El periodista que se vino usa twitter porque cree que si no lo hace Jack Dorsey se va a ofender. El periodista que se vino quiere tener un rottweiler y tres contactos amigos: un mega empresario de la construcción, la coordinadora de un comedor comunitario y algún concejal o concejala piola.

El periodista que se vino hace break dance a las doce por su pantalla amiga, porque es un periodista completo, joder. El periodista que se vino succiona medias. Y busca, siempre, la forma de meter en su discurso palabras como empatía, resiliencia o deconstrucción, aunque no tengan nada que ver con el contexto.

El periodismo que se vino es muy sediento, por eso no le importa la fuente de la que bebe. El periodista que se vino es puro soporte y no se soporta. Es el que dice. Pero también se desdice.

El periodismo que se vino hace periodismo de periodistas porque entendió, finalmente, que hay que matar al mensajero. Por eso, el periodismo que se vino no parará en sus intentos por autodestruirse.

Aplausos y buenaventura para ese periodismo y ese periodista que parecen haber llegado para quedarse.


Versión actualizada de El periodismo/ta que se viene, artículo publicado en Don Marlon (versión digital) en diciembre de 2010, y al que solo hacía falta actualizar el tiempo verbal.


Fuente: https://el-pacto-de-fausto.webnode.com.ar/news/el-periodismo-que-se-viene-es-el-que-ya-esta/

El periodismo que se viene es el que ya está*

26.07.2020 19:55

Por Fausto J. Alfonso

 

El periodismo que se viene es el periodismo que se vino. Es el que ya está. En el periodismo que se vino se escribe mal, pero se escribe rápido. Porque es periodismo urgente. En el periodismo que se vino el medio habilita y potencia el insulto y la humillación. El periodismo que se vino sólo escucha a sus iguales. El periodismo que se vino es puro hardware y poco software. El periodismo que se vino es chic. Tan chic de derecha como de izquierda o de centro.

El periodismo que se vino consiste en minimizar los méritos literarios de Vargas Llosa o José Pablo Feinmann por no comulgar con su ideología. El periodista que se vino no profundiza ni estudia. Ya lo sabe todo. No se equivoca. Tampoco duda ni desconfía. El periodista que se vino muere por salir en la sección Sociales y paga para que la nota sea él. El periodista -mendocino- que se vino es un periodista completo cuando puede comprar en Chacras y comer caro aunque no comprenda el menú ni el porqué de la cuenta.

El periodismo que se vino se opone a que haya oposición. El periodista que se vino confunde los nombres de los colegas de su medio con los nombres de los colegas de la competencia. El periodismo que se vino es el que vive muy bien del Estado y muy mal de los privados. El periodista que se vino es el que compró el mote de “todo terreno” y por eso trabaja en cuatro medios del mismo grupo por un solo sueldo. El periodismo que se vino es el que hace un medio levantando de todos los medios porque, pobre, no tiene medios.

El periodismo que se vino es el que decide la tapa del diario de mañana tomando café con algún ex funcionario del proceso. El periodismo que se vino es el que cree haber fundado nuevos formatos televisivos e incluso radiales. El periodismo que se vino es el que confía en que no está cometiendo los vicios del viejo periodismo. El periodista que se vino es el que piensa en sí mismo y no en la información.

El periodista que se vino es el 3.0. O sea, todos somos periodistas. Es el que se babea con las nuevas tecnologías del mismo modo que la periodista que se vino se babea con, por ejemplo, Arjona. Para el periodista y la periodista que se vinieron es muy importante tener un amigo chef, un personal trainer y un psicólogo progre, sí o sí. Los hace más confiables ante la comunidad. Y más humanos.

El periodismo/ta que se vino es que el que despotrica todo el tiempo contra el medio en el que trabaja, pero se presta gustoso a sus juegos y reserva un buen lugar en la foto colectiva del festejo de fin de año. El periodista que se vino sufre el periodismo y sufre el medio, pero acepta que no podría ser de otro modo. Que trabajar mal y ganar poco es parte de la fama. El periodista que se vino cree que es el medio el que lo hace periodista.

Pero el periodista que se vino también hace de su trabajo un juego, se divierte, se siente rápido, seguro y natural. Hace firuletes en la pantalla táctil. El periodista que se vino habla de democracia y participación porque seres anónimos apoyan o replican sus dichos. Por ende, le encanta la palabra “foristas”. El periodista que se vino sabe de todo y, por lo tanto, se siente con la obligación de dar su humilde opinión sobre todo.

El periodismo que se vino es el que firma gacetillas y cobra por ellas. El periodismo que se vino es el que fabrica polémicas sin importar el tópico ni mucho menos las consecuencias. La periodista que se vino es, primero modelo, pero luego, también. El periodista que se vino imita mal a los periodistas que ya fueron. Y ni siquiera son modelos.

El periodismo que se vino no tiene mucho que ver con el periodismo en sí. No tiene nada que ver. Tiene que ver con el espectáculo, la gastronomía, los servicios básicos, los muebles, los hoteles, los casinos, las madereras, la industria siderúrgica, el turismo, los aeropuertos, los shoppings, los zoológicos... ¡Con los canjes! Todas cuestiones que le interesan al periodismo, claro. El periodista que se vino no le teme a nada; excepto a ejercer el periodismo (el periodismo a secas, no el que se vino ni el que se fue).

El periodismo que se vino habla de la diversidad, pero pretendiendo que todos piensen lo mismo. El periodismo que se vino no discrimina y ataca al imperialismo hablándole en su propio lenguaje, sorry.  El periodista que se vino no piensa por sí mismo porque no tiene tiempo. Lo absorbe su blog. El periodista que se vino no se deja corregir, prefiere publicar con errores. Es más honesto. Es un periodista sin filtros. En sus horrores ortográficos también radica parte de su humanidad, de su sensibilidad.

El periodismo que se vino es ingenuo, cándido. Cree que todo es perdurable, que nada es pasajero. Al periodista que se vino le conviene ser el periodista que se vino. Pero el periodismo que se vino no se piensa a sí mismo; es decir, ni siquiera sabe que llegó, que se vino. Es rara esa desatención, porque el periodista que se vino siempre está atento a la “primicia”.

El periodista que se vino usa twitter porque cree que si no lo hace Jack Dorsey se va a ofender. El periodista que se vino quiere tener un rottweiler y tres contactos amigos: un mega empresario de la construcción, la coordinadora de un comedor comunitario y algún concejal o concejala piola.

El periodista que se vino hace break dance a las doce por su pantalla amiga, porque es un periodista completo, joder. El periodista que se vino succiona medias. Y busca, siempre, la forma de meter en su discurso palabras como empatía, resiliencia o deconstrucción, aunque no tengan nada que ver con el contexto.

El periodismo que se vino es muy sediento, por eso no le importa la fuente de la que bebe. El periodista que se vino es puro soporte y no se soporta. Es el que dice. Pero también se desdice.

El periodismo que se vino hace periodismo de periodistas porque entendió, finalmente, que hay que matar al mensajero. Por eso, el periodismo que se vino no parará en sus intentos por autodestruirse.

Aplausos y buenaventura para ese periodismo y ese periodista que parecen haber llegado para quedarse.

 

*Versión actualizada de El periodismo/ta que se viene, artículo publicado en Don Marlon (versión digital) en diciembre de 2010, y al que solo hacía falta actualizar el tiempo verbal.



Leer más: https://el-pacto-de-fausto.webnode.com.ar/news/el-periodismo-que-se-viene-es-el-que-ya-esta/?utm_source=copy&utm_medium=paste&utm_campaign=copypaste&utm_content=https%3A%2F%2Fel-pacto-de-fausto.webnode.com.ar%2Fnews%2Fel-periodismo-que-se-viene-es-el-que-ya-esta%2F

El periodismo que se viene es el que ya está*

26.07.2020 19:55

Por Fausto J. Alfonso

 

El periodismo que se viene es el periodismo que se vino. Es el que ya está. En el periodismo que se vino se escribe mal, pero se escribe rápido. Porque es periodismo urgente. En el periodismo que se vino el medio habilita y potencia el insulto y la humillación. El periodismo que se vino sólo escucha a sus iguales. El periodismo que se vino es puro hardware y poco software. El periodismo que se vino es chic. Tan chic de derecha como de izquierda o de centro.

El periodismo que se vino consiste en minimizar los méritos literarios de Vargas Llosa o José Pablo Feinmann por no comulgar con su ideología. El periodista que se vino no profundiza ni estudia. Ya lo sabe todo. No se equivoca. Tampoco duda ni desconfía. El periodista que se vino muere por salir en la sección Sociales y paga para que la nota sea él. El periodista -mendocino- que se vino es un periodista completo cuando puede comprar en Chacras y comer caro aunque no comprenda el menú ni el porqué de la cuenta.

El periodismo que se vino se opone a que haya oposición. El periodista que se vino confunde los nombres de los colegas de su medio con los nombres de los colegas de la competencia. El periodismo que se vino es el que vive muy bien del Estado y muy mal de los privados. El periodista que se vino es el que compró el mote de “todo terreno” y por eso trabaja en cuatro medios del mismo grupo por un solo sueldo. El periodismo que se vino es el que hace un medio levantando de todos los medios porque, pobre, no tiene medios.

El periodismo que se vino es el que decide la tapa del diario de mañana tomando café con algún ex funcionario del proceso. El periodismo que se vino es el que cree haber fundado nuevos formatos televisivos e incluso radiales. El periodismo que se vino es el que confía en que no está cometiendo los vicios del viejo periodismo. El periodista que se vino es el que piensa en sí mismo y no en la información.

El periodista que se vino es el 3.0. O sea, todos somos periodistas. Es el que se babea con las nuevas tecnologías del mismo modo que la periodista que se vino se babea con, por ejemplo, Arjona. Para el periodista y la periodista que se vinieron es muy importante tener un amigo chef, un personal trainer y un psicólogo progre, sí o sí. Los hace más confiables ante la comunidad. Y más humanos.

El periodismo/ta que se vino es que el que despotrica todo el tiempo contra el medio en el que trabaja, pero se presta gustoso a sus juegos y reserva un buen lugar en la foto colectiva del festejo de fin de año. El periodista que se vino sufre el periodismo y sufre el medio, pero acepta que no podría ser de otro modo. Que trabajar mal y ganar poco es parte de la fama. El periodista que se vino cree que es el medio el que lo hace periodista.

Pero el periodista que se vino también hace de su trabajo un juego, se divierte, se siente rápido, seguro y natural. Hace firuletes en la pantalla táctil. El periodista que se vino habla de democracia y participación porque seres anónimos apoyan o replican sus dichos. Por ende, le encanta la palabra “foristas”. El periodista que se vino sabe de todo y, por lo tanto, se siente con la obligación de dar su humilde opinión sobre todo.

El periodismo que se vino es el que firma gacetillas y cobra por ellas. El periodismo que se vino es el que fabrica polémicas sin importar el tópico ni mucho menos las consecuencias. La periodista que se vino es, primero modelo, pero luego, también. El periodista que se vino imita mal a los periodistas que ya fueron. Y ni siquiera son modelos.

El periodismo que se vino no tiene mucho que ver con el periodismo en sí. No tiene nada que ver. Tiene que ver con el espectáculo, la gastronomía, los servicios básicos, los muebles, los hoteles, los casinos, las madereras, la industria siderúrgica, el turismo, los aeropuertos, los shoppings, los zoológicos... ¡Con los canjes! Todas cuestiones que le interesan al periodismo, claro. El periodista que se vino no le teme a nada; excepto a ejercer el periodismo (el periodismo a secas, no el que se vino ni el que se fue).

El periodismo que se vino habla de la diversidad, pero pretendiendo que todos piensen lo mismo. El periodismo que se vino no discrimina y ataca al imperialismo hablándole en su propio lenguaje, sorry.  El periodista que se vino no piensa por sí mismo porque no tiene tiempo. Lo absorbe su blog. El periodista que se vino no se deja corregir, prefiere publicar con errores. Es más honesto. Es un periodista sin filtros. En sus horrores ortográficos también radica parte de su humanidad, de su sensibilidad.

El periodismo que se vino es ingenuo, cándido. Cree que todo es perdurable, que nada es pasajero. Al periodista que se vino le conviene ser el periodista que se vino. Pero el periodismo que se vino no se piensa a sí mismo; es decir, ni siquiera sabe que llegó, que se vino. Es rara esa desatención, porque el periodista que se vino siempre está atento a la “primicia”.

El periodista que se vino usa twitter porque cree que si no lo hace Jack Dorsey se va a ofender. El periodista que se vino quiere tener un rottweiler y tres contactos amigos: un mega empresario de la construcción, la coordinadora de un comedor comunitario y algún concejal o concejala piola.

El periodista que se vino hace break dance a las doce por su pantalla amiga, porque es un periodista completo, joder. El periodista que se vino succiona medias. Y busca, siempre, la forma de meter en su discurso palabras como empatía, resiliencia o deconstrucción, aunque no tengan nada que ver con el contexto.

El periodismo que se vino es muy sediento, por eso no le importa la fuente de la que bebe. El periodista que se vino es puro soporte y no se soporta. Es el que dice. Pero también se desdice.

El periodismo que se vino hace periodismo de periodistas porque entendió, finalmente, que hay que matar al mensajero. Por eso, el periodismo que se vino no parará en sus intentos por autodestruirse.

Aplausos y buenaventura para ese periodismo y ese periodista que parecen haber llegado para quedarse.

 

*Versión actualizada de El periodismo/ta que se viene, artículo publicado en Don Marlon (versión digital) en diciembre de 2010, y al que solo hacía falta actualizar el tiempo verbal.



Leer más: https://el-pacto-de-fausto.webnode.com.ar/news/el-periodismo-que-se-viene-es-el-que-ya-esta/?utm_source=copy&utm_medium=paste&utm_campaign=copypaste&utm_content=https%3A%2F%2Fel-pacto-de-fausto.webnode.com.ar%2Fnews%2Fel-periodismo-que-se-viene-es-el-que-ya-esta%2F

El periodismo que se viene es el que ya está*

26.07.2020 19:55

Por Fausto J. Alfonso

 

El periodismo que se viene es el periodismo que se vino. Es el que ya está. En el periodismo que se vino se escribe mal, pero se escribe rápido. Porque es periodismo urgente. En el periodismo que se vino el medio habilita y potencia el insulto y la humillación. El periodismo que se vino sólo escucha a sus iguales. El periodismo que se vino es puro hardware y poco software. El periodismo que se vino es chic. Tan chic de derecha como de izquierda o de centro.

El periodismo que se vino consiste en minimizar los méritos literarios de Vargas Llosa o José Pablo Feinmann por no comulgar con su ideología. El periodista que se vino no profundiza ni estudia. Ya lo sabe todo. No se equivoca. Tampoco duda ni desconfía. El periodista que se vino muere por salir en la sección Sociales y paga para que la nota sea él. El periodista -mendocino- que se vino es un periodista completo cuando puede comprar en Chacras y comer caro aunque no comprenda el menú ni el porqué de la cuenta.

El periodismo que se vino se opone a que haya oposición. El periodista que se vino confunde los nombres de los colegas de su medio con los nombres de los colegas de la competencia. El periodismo que se vino es el que vive muy bien del Estado y muy mal de los privados. El periodista que se vino es el que compró el mote de “todo terreno” y por eso trabaja en cuatro medios del mismo grupo por un solo sueldo. El periodismo que se vino es el que hace un medio levantando de todos los medios porque, pobre, no tiene medios.

El periodismo que se vino es el que decide la tapa del diario de mañana tomando café con algún ex funcionario del proceso. El periodismo que se vino es el que cree haber fundado nuevos formatos televisivos e incluso radiales. El periodismo que se vino es el que confía en que no está cometiendo los vicios del viejo periodismo. El periodista que se vino es el que piensa en sí mismo y no en la información.

El periodista que se vino es el 3.0. O sea, todos somos periodistas. Es el que se babea con las nuevas tecnologías del mismo modo que la periodista que se vino se babea con, por ejemplo, Arjona. Para el periodista y la periodista que se vinieron es muy importante tener un amigo chef, un personal trainer y un psicólogo progre, sí o sí. Los hace más confiables ante la comunidad. Y más humanos.

El periodismo/ta que se vino es que el que despotrica todo el tiempo contra el medio en el que trabaja, pero se presta gustoso a sus juegos y reserva un buen lugar en la foto colectiva del festejo de fin de año. El periodista que se vino sufre el periodismo y sufre el medio, pero acepta que no podría ser de otro modo. Que trabajar mal y ganar poco es parte de la fama. El periodista que se vino cree que es el medio el que lo hace periodista.

Pero el periodista que se vino también hace de su trabajo un juego, se divierte, se siente rápido, seguro y natural. Hace firuletes en la pantalla táctil. El periodista que se vino habla de democracia y participación porque seres anónimos apoyan o replican sus dichos. Por ende, le encanta la palabra “foristas”. El periodista que se vino sabe de todo y, por lo tanto, se siente con la obligación de dar su humilde opinión sobre todo.

El periodismo que se vino es el que firma gacetillas y cobra por ellas. El periodismo que se vino es el que fabrica polémicas sin importar el tópico ni mucho menos las consecuencias. La periodista que se vino es, primero modelo, pero luego, también. El periodista que se vino imita mal a los periodistas que ya fueron. Y ni siquiera son modelos.

El periodismo que se vino no tiene mucho que ver con el periodismo en sí. No tiene nada que ver. Tiene que ver con el espectáculo, la gastronomía, los servicios básicos, los muebles, los hoteles, los casinos, las madereras, la industria siderúrgica, el turismo, los aeropuertos, los shoppings, los zoológicos... ¡Con los canjes! Todas cuestiones que le interesan al periodismo, claro. El periodista que se vino no le teme a nada; excepto a ejercer el periodismo (el periodismo a secas, no el que se vino ni el que se fue).

El periodismo que se vino habla de la diversidad, pero pretendiendo que todos piensen lo mismo. El periodismo que se vino no discrimina y ataca al imperialismo hablándole en su propio lenguaje, sorry.  El periodista que se vino no piensa por sí mismo porque no tiene tiempo. Lo absorbe su blog. El periodista que se vino no se deja corregir, prefiere publicar con errores. Es más honesto. Es un periodista sin filtros. En sus horrores ortográficos también radica parte de su humanidad, de su sensibilidad.

El periodismo que se vino es ingenuo, cándido. Cree que todo es perdurable, que nada es pasajero. Al periodista que se vino le conviene ser el periodista que se vino. Pero el periodismo que se vino no se piensa a sí mismo; es decir, ni siquiera sabe que llegó, que se vino. Es rara esa desatención, porque el periodista que se vino siempre está atento a la “primicia”.

El periodista que se vino usa twitter porque cree que si no lo hace Jack Dorsey se va a ofender. El periodista que se vino quiere tener un rottweiler y tres contactos amigos: un mega empresario de la construcción, la coordinadora de un comedor comunitario y algún concejal o concejala piola.

El periodista que se vino hace break dance a las doce por su pantalla amiga, porque es un periodista completo, joder. El periodista que se vino succiona medias. Y busca, siempre, la forma de meter en su discurso palabras como empatía, resiliencia o deconstrucción, aunque no tengan nada que ver con el contexto.

El periodismo que se vino es muy sediento, por eso no le importa la fuente de la que bebe. El periodista que se vino es puro soporte y no se soporta. Es el que dice. Pero también se desdice.

El periodismo que se vino hace periodismo de periodistas porque entendió, finalmente, que hay que matar al mensajero. Por eso, el periodismo que se vino no parará en sus intentos por autodestruirse.

Aplausos y buenaventura para ese periodismo y ese periodista que parecen haber llegado para quedarse.

 

*Versión actualizada de El periodismo/ta que se viene, artículo publicado en Don Marlon (versión digital) en diciembre de 2010, y al que solo hacía falta actualizar el tiempo verbal.



Leer más: https://el-pacto-de-fausto.webnode.com.ar/news/el-periodismo-que-se-viene-es-el-que-ya-esta/?utm_source=copy&utm_medium=paste&utm_campaign=copypaste&utm_content=https%3A%2F%2Fel-pacto-de-fausto.webnode.com.ar%2Fnews%2Fel-periodismo-que-se-viene-es-el-que-ya-esta%2F

El periodismo que se viene es el que ya está*

26.07.2020 19:55

Por Fausto J. Alfonso

 

El periodismo que se viene es el periodismo que se vino. Es el que ya está. En el periodismo que se vino se escribe mal, pero se escribe rápido. Porque es periodismo urgente. En el periodismo que se vino el medio habilita y potencia el insulto y la humillación. El periodismo que se vino sólo escucha a sus iguales. El periodismo que se vino es puro hardware y poco software. El periodismo que se vino es chic. Tan chic de derecha como de izquierda o de centro.

El periodismo que se vino consiste en minimizar los méritos literarios de Vargas Llosa o José Pablo Feinmann por no comulgar con su ideología. El periodista que se vino no profundiza ni estudia. Ya lo sabe todo. No se equivoca. Tampoco duda ni desconfía. El periodista que se vino muere por salir en la sección Sociales y paga para que la nota sea él. El periodista -mendocino- que se vino es un periodista completo cuando puede comprar en Chacras y comer caro aunque no comprenda el menú ni el porqué de la cuenta.

El periodismo que se vino se opone a que haya oposición. El periodista que se vino confunde los nombres de los colegas de su medio con los nombres de los colegas de la competencia. El periodismo que se vino es el que vive muy bien del Estado y muy mal de los privados. El periodista que se vino es el que compró el mote de “todo terreno” y por eso trabaja en cuatro medios del mismo grupo por un solo sueldo. El periodismo que se vino es el que hace un medio levantando de todos los medios porque, pobre, no tiene medios.

El periodismo que se vino es el que decide la tapa del diario de mañana tomando café con algún ex funcionario del proceso. El periodismo que se vino es el que cree haber fundado nuevos formatos televisivos e incluso radiales. El periodismo que se vino es el que confía en que no está cometiendo los vicios del viejo periodismo. El periodista que se vino es el que piensa en sí mismo y no en la información.

El periodista que se vino es el 3.0. O sea, todos somos periodistas. Es el que se babea con las nuevas tecnologías del mismo modo que la periodista que se vino se babea con, por ejemplo, Arjona. Para el periodista y la periodista que se vinieron es muy importante tener un amigo chef, un personal trainer y un psicólogo progre, sí o sí. Los hace más confiables ante la comunidad. Y más humanos.

El periodismo/ta que se vino es que el que despotrica todo el tiempo contra el medio en el que trabaja, pero se presta gustoso a sus juegos y reserva un buen lugar en la foto colectiva del festejo de fin de año. El periodista que se vino sufre el periodismo y sufre el medio, pero acepta que no podría ser de otro modo. Que trabajar mal y ganar poco es parte de la fama. El periodista que se vino cree que es el medio el que lo hace periodista.

Pero el periodista que se vino también hace de su trabajo un juego, se divierte, se siente rápido, seguro y natural. Hace firuletes en la pantalla táctil. El periodista que se vino habla de democracia y participación porque seres anónimos apoyan o replican sus dichos. Por ende, le encanta la palabra “foristas”. El periodista que se vino sabe de todo y, por lo tanto, se siente con la obligación de dar su humilde opinión sobre todo.

El periodismo que se vino es el que firma gacetillas y cobra por ellas. El periodismo que se vino es el que fabrica polémicas sin importar el tópico ni mucho menos las consecuencias. La periodista que se vino es, primero modelo, pero luego, también. El periodista que se vino imita mal a los periodistas que ya fueron. Y ni siquiera son modelos.

El periodismo que se vino no tiene mucho que ver con el periodismo en sí. No tiene nada que ver. Tiene que ver con el espectáculo, la gastronomía, los servicios básicos, los muebles, los hoteles, los casinos, las madereras, la industria siderúrgica, el turismo, los aeropuertos, los shoppings, los zoológicos... ¡Con los canjes! Todas cuestiones que le interesan al periodismo, claro. El periodista que se vino no le teme a nada; excepto a ejercer el periodismo (el periodismo a secas, no el que se vino ni el que se fue).

El periodismo que se vino habla de la diversidad, pero pretendiendo que todos piensen lo mismo. El periodismo que se vino no discrimina y ataca al imperialismo hablándole en su propio lenguaje, sorry.  El periodista que se vino no piensa por sí mismo porque no tiene tiempo. Lo absorbe su blog. El periodista que se vino no se deja corregir, prefiere publicar con errores. Es más honesto. Es un periodista sin filtros. En sus horrores ortográficos también radica parte de su humanidad, de su sensibilidad.

El periodismo que se vino es ingenuo, cándido. Cree que todo es perdurable, que nada es pasajero. Al periodista que se vino le conviene ser el periodista que se vino. Pero el periodismo que se vino no se piensa a sí mismo; es decir, ni siquiera sabe que llegó, que se vino. Es rara esa desatención, porque el periodista que se vino siempre está atento a la “primicia”.

El periodista que se vino usa twitter porque cree que si no lo hace Jack Dorsey se va a ofender. El periodista que se vino quiere tener un rottweiler y tres contactos amigos: un mega empresario de la construcción, la coordinadora de un comedor comunitario y algún concejal o concejala piola.

El periodista que se vino hace break dance a las doce por su pantalla amiga, porque es un periodista completo, joder. El periodista que se vino succiona medias. Y busca, siempre, la forma de meter en su discurso palabras como empatía, resiliencia o deconstrucción, aunque no tengan nada que ver con el contexto.

El periodismo que se vino es muy sediento, por eso no le importa la fuente de la que bebe. El periodista que se vino es puro soporte y no se soporta. Es el que dice. Pero también se desdice.

El periodismo que se vino hace periodismo de periodistas porque entendió, finalmente, que hay que matar al mensajero. Por eso, el periodismo que se vino no parará en sus intentos por autodestruirse.

Aplausos y buenaventura para ese periodismo y ese periodista que parecen haber llegado para quedarse.

 

*Versión actualizada de El periodismo/ta que se viene, artículo publicado en Don Marlon (versión digital) en diciembre de 2010, y al que solo hacía falta actualizar el tiempo verbal.



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