La triste realidad del agua en Mendoza

06 May 2020


Un año de condición de sequía en el llano y más de una década de acumulados de nieve deficitarios en alta montaña. Los pronósticos no son esperanzadores y los desafíos se acrecientan.

Pasó el verano en todo el hemisferio sur y registró precipitaciones que han estado por debajo de los valores medios en la provincia de Mendoza. “Si bien algunas dejaron importantes acumulados, no se revirtió la tendencia del año anterior y hay más de un 50% de probabilidades de que las condiciones deficitarias continúen”, explica el Dr. Juan Antonio Rivera, investigador de la Universidad Maza. En 2019 el sur provincial sufrió un gran déficit y en el norte el patrón espacial fue más heterogéneo.

Los efectos de la sequía, que hoy se registran en los sectores medios y altos de las cuencas de los ríos de Mendoza, se plantean como un problema importante en los sectores bajos desde hace años. “Evidencia de esto son los procesos de desertificación en el departamento de Lavalle, en la cuenca del Río Mendoza o los bajos caudales que recibe La Pampa en la sección distal del Río Atuel”, argumenta Gerardo Graña, docente en la carrera de Ingeniería en Agrimensura de la mencionada casa de estudios.

Si bien las regiones semi-áridas suelen caracterizarse por una marcada variabilidad interanual y el Gran Mendoza posee uno de los porcentajes de variaciones más altos del país, el panorama sigue siendo preocupante.

Como en los últimos años muchos sectores podrían verse afectados, principalmente el económico en la agricultura, ganadería, turismo invernal y energía hidroeléctrica, entre otros. Además, Rivera añade que “a nivel ambiental habrá un impacto en los cuerpos de hielo, que están en mercado retroceso. Podría repetirse la mortandad de peces si los caudales de los ríos no son suficientes para mantener los niveles de los cuerpos de agua”. Vale recordar que en alta montaña se arrastra una década de registros desfavorables.

Un camino cuesta arriba

En este contexto urge que las acciones para palear esta crisis continúen. El Dr. Rivera destaca que “cuidar el agua evitando el derroche doméstico es algo básico que todos podemos hacer”, pero subraya que los organismos encargados de regular el agua tendrán un gran desafío a fin de optimizar el recurso.

Una de las grandes alternativas requiere de una inversión importante, pero podría ser fundamental: modernizar los sistemas de riego.

Graña detalló un poco más ese aspecto y dijo que “considerando que el 80% de la demanda del recurso hídrico corresponde al sector agrícola, es estratégico apuntar las políticas públicas a la mejora de la eficiencia de los canales de distribución y sistemas de riego dentro de las fincas”. A pesar de los vaivenes destacó que ha sido una política sostenida pero los esfuerzos no han sido suficientes, viéndose afectados fundamentalmente los productores locales y de menor capital, que quedan confinados a los sectores medios y bajos de las cuentas y que tienen menos posibilidades de progreso económico e inversión en infraestructura de riego.

“En este escenario, encarar la problemática del ahorro de agua no es tarea sencilla ya que requiere un esfuerzo institucional doble para ayudar económicamente a un sector productivo y al mismo tiempo mejorar sus sistemas de riego. De modo que la sequía, lejos de empujar a un avance en la mejora del riego (como ocurrió en la mayor sequía registrada en Mendoza, entre 1968 y 1972), se encuentra con una economía malherida con serias dificultades para hacerle frente”, cerró el profesional.