1. Pérdida de la juventud
Para transitar este tipo de duelo, resulta de gran valor la capacidad de aceptar los procesos de la naturaleza y de comprender que la pérdida de “antiguo yo” conlleva el nacimiento a una identidad más amplia, profunda y sabia. Tras dejar atrás la juventud, la madurez y el envejecimiento brindan la oportunidad de descubrir la belleza basada en la autenticidad, el amor maduro, la serenidad y la templanza como frutos del camino de vida.
2. Pérdida de los hijos
Otro momento delicado para la vida de una mujer tiene que ver con la salida de los hijos del hogar. En este tránsito, la madre enfrenta el síndrome del “nido vacío” y la despedida de una identidad precedente basada en funciones de nutrición, protección y otras propias de la crianza. Este momento, si bien conlleva pérdida, también está cargado de posibilidades. La mujer puede abrirse a la vida y encontrar vías de contribución a la sociedad más allá de la crianza y de los vínculos de sangre. Es una etapa propicia para el afloramiento de la mujer sabia.
3. Duelo por el deterioro de los mayores
Es frecuente que las mujeres asuman el cuidado de los padres ancianos u otros familiares. En cualquiera de los casos, en general toda mujer enfrenta el progresivo deterioro de sus progenitores, una realidad no exenta del sentimiento de pérdida.
Para transitar este tipo de pérdida de forma consciente, es importante mantener el equilibrio entre el cuidado hacia otros y el propio autocuidado, una asignatura nada fácil para muchas mujeres. Para mantener dicho equilibrio, es fundamental saber cuidar de una misma, para así poder cuidar de otros. Y si bien esta premisa es obvia, en general se suele llevar a cabo a la inversa: con mucha facilidad las mujeres atendemos primero a los demás, dejándonos a nosotras mismas en último lugar, algo que conduce a la sobrecarga y al síndrome de “estar quemada”. Otra clave que ayuda a transitar este tipo de duelo es, de nuevo, la aceptación propia.

4. Pérdida de la intimidad emocional
Otra pérdida con la que las mujeres a menudo lidian es la falta de comunicación emocional y el consiguiente “cortocircuito de la complicidad”. El hecho de no hallar personas en el entorno inmediato con las que compartir desde el ámbito social y establecer comunicación profunda, se vive con un duelo en muchas ocasiones silenciado. El duelo por la pérdida de intimidad emocional puede ser contrarrestado tejiendo vínculos con otras personas y formando parte de grupos y actividades sociales. Entendiendo que las mujeres no solo tienen la función de maternar o sostener las responsabilidades del hogar, sino que es fundamental crecer desde aspectos individuales, fomentando su autoestima y autonomía en función de un crecimiento propio.
5. La pérdida de los valores femeninos
En una sociedad marcadamente masculina, en la que prima lo racional, la dimensión femenina de muchas mujeres se ve enmudecida por la influencia de la competitividad, el pragmatismo y la funcionalidad de la sociedad materialista. En este contexto, muchas mujeres se ven obligadas a sumergir su sensibilidad y compasión, tratando de ser aceptadas por los exigentes circuitos profesionales en los que se ven inmersas. Dar espacio a los valores asociados a la dimensión femenina, en lugar de negarlos o reprimirlos, es un bálsamo cuando la mujer vive este tipo de pérdida.
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