
La hipertensión arterial (HTA) es una afección crónica caracterizada por un incremento continuo de las cifras de la presión sanguínea por arriba de límites sobre los cuales aumenta el riesgo cardiovascular.
Como lo documentan varios estudios internacionales, la morbilidad y mortalidad de causa cardiovascular tiene una relación directa con el aumento de las cifras de presión arterial.
La hipertensión es una enfermedad asintomática y fácil de detectar; sin embargo, cursa con complicaciones graves y letales si no se trata a tiempo. La hipertensión crónica es el factor de riesgo modificable más importante para desarrollar enfermedades cardiovasculares, así como para la enfermedad cerebrovascular y renal.
Por su parte la enfermedad cardiovascular (ECV) es la principal causa de muerte en las Américas y la presión arterial elevada representa más del 50% de las ECV.
Lamentablemente más de una cuarta parte de las mujeres adultas y cuatro de cada diez hombres adultos tienen hipertensión y el diagnóstico, el tratamiento y el control son subóptimos. De hecho, sólo unos pocos países muestran una tasa de control de la hipertensión de la población superior al 50%.
Se sabe también que los hombres tienen más predisposición a desarrollar hipertensión arterial que las mujeres, situación que cambia cuando la mujer llega a la menopausia, ya que antes de esta posee hormonas protectoras que desaparecen en este periodo y a partir de ese momento la frecuencia se iguala. Por lo tanto, la mujer debe ser más vigilada para esta enfermedad en los años posteriores a la menopausia.
La hipertensión arterial, de manera silente, produce cambios en el flujo sanguíneo, a nivel macro y microvascular, causados a su vez por disfunción de la capa interna de los vasos sanguíneos y el remodelado de la pared de las arteriolas de resistencia, que son las responsables de mantener el tono vascular periférico. Muchos de estos cambios anteceden en el tiempo a la elevación de la presión arterial y producen lesiones orgánicas específicas.
Afortunadamente hoy contamos con un plan integrado por varias estrategias que colaboran con la recuperación y la prevención de tales afecciones, pero es importante resaltar el rol protagónico de cada individuo de la población en los temas de su propia salud. Para lograr tal objetivo es indispensable la “educación integral en salud”, una persona bien informada podrá tomar afortunadas decisiones que recuperen o favorezcan su salud y que aumenten la calidad de vida.
Dentro de las estrategias encontramos: la consulta oportuna con el o los especialistas y la educación alimentaria que nos iluminará el camino sobre la adecuada selección de alimentos, formas de cocción y momentos oportunos de ingesta.
Pero lamentablemente la información por si sola no lo es todo, los equipos de salud tenemos la titánica labor de lograr que la población comprenda dicha información, la internalice y la exteriorice en la concreción de buenos y duraderos hábitos saludables, sólo así la misión estará cumplida y todos habremos ganado en salud.
A la hipertensión se la denomina “la plaga silenciosa del siglo XXI”, está en cada uno de nosotros la oportunidad que se haga visible, adelantarnos y poder prevenir este flagelo mundial. ¡Luchemos juntos contra la hipertensión en el mundo!